Educomunicadora

11 07 2010

Muchas veces nos ponemos a pensar en el futuro, en cómo será la sociedad en el futuro y hasta podemos soñar con inventos y posibles manera de relación y sólo cuando alcanzamos a dimensionar los cambios que ha tenido la humanidad en los últimos 50 años,entendemos que el futuro es ahora y que nosotros alcanzamos a cogernos de la cola de esta sociedad de la información que sigue caminando.

Se dice que todo cambio es traumático y en el caso de la comunicación esto no es diferente, tal y como lo dice José Manuel Pérez Tornero en el documento: Crisis de educación, crisis de comunicación: “Los medios de comunicación, por su lado, viven su propia crisis. En la última década han sufrido los cambios de mayor importancia de toda su existencia: Internet, las telecomunicaciones, la digitalización de la información, la globalización. Desde un punto de vista cultural, tales transformaciones están suponiendo alteraciones más graves que las que originó en su día el desarrollo de la imprenta. Nos recuerdan, de alguna manera, la revolución que la invención de la escritura introdujo en las formas intelectuales de la humanidad: una revolución global que trastoca los límites de la subjetividad, lo público, lo privado, la libertad y el control.” (Tornero, Crisis de educación, crisis de comunicación).

La queja por supuesta falta de información es una situación que durante mucho tiempo se dio y se sigue dando. Sin embargo, viendo de cerca la situación, ahora sabemos que gracias a un medio de información tan amplio como es la Internet, el asunto ahora no es de falta de información, el asunto ahora es exceso de información y como facilmente cualquier usuario puede hundirse en este mar y con pocas herramientas claras sobre cuál es la verdad  o qué es lo realmente importante.

Sobre esto, Ignacio Ramonet plantea esto como un problema que finalmente termina trayendo también, exclusión. “Pero todos sabemos que la censura funciona. ¿Sobre qué criterios? Con criterios inversos (ésta es, al menos, mi idea). Es decir, que la censura no funciona hoy suprimiendo, amputando, prohibiendo, cortando. Funciona al contrario: funciona por demasía, por acumulación, por asfixia. ¿Cómo ocultan hoy la información? Por un gran aporte de ésta: la información se oculta porque hay demasiada para consumir y, por tanto, no se percibe la que falta.” (Ramonet)

La posibilidad de comunicarnos fácilmente por Internet, de acceder a la información con un solo clic y con menos necesidad de leer y más bien de ver, escuchar y hasta sentir, hace que las formas de relación entre los seres humanos esté más ligada a estas formas y qué mejor ejemplo que los niños y niñas o adolescentes, quienes fácilmente se montan en el tren de las nuevas tecnologías y a los que hoy les sabe mejor la relación con las pantallas y los aparatos que a los adultos a quienes se nos dificulta más.

“La época hipermoderna es contemporánea de una auténtica inflación de pantallas. Nunca hemos tenido tantas, no sólo para ver el mundo, sino para vivir nuestra vida. Y todo indica que el fenómeno, arrastrado por las conquistas de las tecnologías high-tech, seguirá extendiéndose y acelerándose.” (Gilíes Lipovetsky, 2007)

Esta manera de acercamiento y relación con lo que nos ofrecen los medios y la manera en que nosotros, como sociedad, recibimos y construimos imaginarios con la información, todavía no termina de desarrollarse, las tecnologías siguen “avanzando” teniendo nuevas formas, la Internet le da al usuario común nuevas formas de aprender, de comunicarse y de hacer parte. Por lo tanto es difícil terminar de saber hasta dónde vamos a llegar, pero sí es importante ser conscientes de lo que está pasando.

“Información y comunicación tienden a confundirse. Los periodistas siguen creyendo que son los únicos que producen información, cuando toda la sociedad se ha puesto frenéticamente a hacer lo mismo. Prácticamente no existe institución (administrativa, militar, económica, cultural, social, etc.), que no se haya dotado de un servicio de comunicación que emite – sobre ella misma y sus actividades – un discurso pletórico y elogioso. A este respecto, en las democracias catódicas, todo el sistema social se ha vuelto astuto e inteligente, capaz de manipular sabiamente los medios y de resistirse a su curiosidad.” (Ramonet)

Este cambio y crisis,  pone al comunicador frente a una nueva realidad que le demanda nuevas habilidades, competencias y también posibilidades de desenvolverse en el ámbito laboral y es cuando aparece la figura del “Educomunicador”.

El “Educomunicador“ es aquel que no sólo enseña a través de técnicas ligadas a medios de comunicación, es el comunicador que desempeñándose desde cualquier ámbito es capaz de seleccionar los contenidos adecuados para los usuarios que lo requieran y los ayuda a comprender la información que reciben.

Sin dudas, hoy el ciudadano común tiene más maneras de comunicarse y de estar informado y de la misma manera demanda más información, aumentando sustancialmente la cantidad de tiempo que mantiene frente a la pantalla o en búsqueda de nueva información, enfrentándose a un mar de posibilidades y de fuentes.

Hasta cierto punto, por reconocimiento de los Gobiernos e intento de responsabilidad con los ciudadanos, los canales públicos de televisión, y algunos privados, empiezan a asumir la función de formar y educar. Sin embargo, más allá de la especificidad de una televisión o medios generados para educar, se debe tener consciencia que todo lo que sea transmisible por estos medios resulta educativo, así no se reciba de manera consciente por los usuarios de esa manera.

“Lo que el ciudadano de hoy le pide al sistema educativo es que lo capacite para poder tener acceso a la multiplicidad de escrituras, de lenguajes y discursos en los que se producen las decisiones que lo afectan ya sea en el plano laboral o familiar, en el político y el económico. Y para ello el ciudadano debería poder distinguir entre un noticiero independiente y confiable y un noticiero ventrílocuo de un partido o un grupo económico, entre una telenovela que conecta con el país innovando en el lenguaje y en los temas y una repetitiva y facilona. Y para ello necesitamos una escuela en la que aprender a leer signifique aprender a distinguir, a discriminar, a valorar y escoger dónde y cómo se fortalecen los prejuicios o se renuevan las concepciones que tenemos de la política y de la familia, de la cultura y de la sexualidad. Necesitamos una educación que no deje a los ciudadanos inermes frente a las poderosas estratagemas de que hoy disponen los medios para camuflar sus intereses y disfrazarlos de opinión pública.” (Barbero, 2002)